
La serie Cuéntame hecha por RTVE es una serie irregular. En su mayor parte es una serie muy almibarada y cursi. Es altamente maniqueísta, ya que los personajes de derechas son planos, malvados y sin matices. En cambio, los de izquierda tienen sus contradicciones. Son humanos. Dudan. Pero siempre triunfa su bondad inherente. Esa bondad innata que les sitúa a tiempo en el correcto lugar.
Sus elegías finales con la voz en off que flota sinuosamente sobre una música empalagosa son antológicas. El planto final deja a cada cual en su sitio y aporta la moraleja -o moralina- última y rotunda.La voz en off nos conduce con sigilo -pero con firmeza- para que las conclusiones no sean erradas y sepamos de manera taxativa quiénes eran los buenos y los malos en la época.
Además, son abundantes sus críticas al capitalismo y sus vicios aledaños como la codicia. El capitalista por excelencia es don Pablo, quien es un personaje abyecto, vil, explotador, que engaña a su mujer y que trata con desdén a quien no es como él. Vive por el hedonismo más rampante y no para mientes en buscar las argucias más infectas al objeto de lograr sus metas rastreras. No vacila en engañar a Antonio Alcántara, su empleado, y hacerlo responsable de una estafa que no ha cometido. Es la ruindad personificada.
Pero el personaje más interesante y que matiza, muy mucho, el discurso anticapitalista es Antonio Alcántara interpretado por Imanol Arias cuya interpretación, a ratos, es sencillamente genial. Vistas las incoherencias de otros personajes de la serie, parece creíble pensar que la genialidad de la interpretación subyace más en el actor que en el guionista.
Antonio Alcántara es un emprendedor. No se conforma con ser un don nadie. A pesar de que no ha podido estudiar, trabaja como ordenanza en un ministerio por la mañana y por las tardes en una imprenta. Dentro del ministerio, ascenderá de categoría -sin dejar de ser ordenanza- gracias a su buen hacer y en la imprenta llegará a ser el encargado. Es decir: su esfuerzo le reporta frutos. Su vida no ha sido fácil: llegó a Madrid desde un pueblo y era huérfano de un padre fusilado en la Guerra Civil.
No se conforma con eso y, mientras sigue de encargado en la imprenta, compra una máquina de impresión de segunda mano, con la que pretende ganar un dinero extra. Esto le supone trabajar aun más horas y llegar más tarde a su casa. Pero es ambicioso y quiere más. Se esfuerza para conseguirlo. Cuando lo quieren disuadir y le dicen que elija una vida más tranquila, siempre contesta que quiere más de lo que tiene. Por desgracia, su aventura de impresor en solitario no sale bien y ha de vender la máquina al borde de la suspensión de pagos.
Más tarde, don Pablo le ofrece ser su mano derecha en su nuevo negocio inmobiliario. Antonio acepta. Pero Antonio ha de lidiar en un mundo sofisticado en el que ha de refinarse. Se lee sin chistar un libro sobre protocolo y buenas maneras. Asimismo, se compra una enciclopedia y se va leyendo todos los tomos desde la A hasta la Z. Aunque no pudo estudiar, no se resigna y quiere aprender. Además, quiere dinero para comprarse un televisor, una lavadora, para irse de vacaciones a Benidorm. Quiere vivir mejor. Dice que lo hace por su familia y es cierto. Pero lo hace por sí mismo, principalmente.
El negocio inmobiliario sale mal y está a punto de ir a la cárcel. Vuelve a trabajar de ordenanza. Al poco volverá a trabajar en una imprenta donde se convertirá en encargado nuevamente. Después, la imprenta no irá bien y los dueños la venden a los trabajadores. Se acuerda explotarla en régimen de cooperativa y Antonio Alcántara es uno de los que arriesgan su dinero, junto a 2 socios más. Casi nadie quiere aceptar el riesgo, pero Antonio acepta. Podría haber salido escaldado de sus anteriores empresas: aun así, insiste.
La imprenta irá bien y Antonio Alcántara se convertirá en el único dueño al comprar la parte de los otros gestores. Incluso lanza una revista que funcionará al principio, aunque luego habrá de cerrarla. No tenía bastante con un riesgo y asume otro: la revista. Una organización patronal lo nombra empresario del año. Ha pasado de ser ordenanza a empresario del año gracias a su esfuerzo y abnegación.
Inicia una carrera política por la que le dan un importante cargo dentro del Ministerio de Agricultura. Se muda a una casa más grande. Conduce un Mercedes. A la vez, le hacen una sustanciosa oferta por su imprenta que lo hace casi millonario. Está a punto de jugar en bolsa el dinero que le ha proporcionado la venta de la imprenta, pero su mujer lo convence para que lo inviertan a plazo fijo. El quiere riesgo; su mujer no.