26 de junio de 2008

La monja alférez


Catalina de Erauso nació en San Sebastián en 1592, cuando el mundo lo dirigía desde una pequeña habitación del Monasterio del Escorial el rey prudente: Felipe II. El padre de Catalina, Miguel, tenía una hermana que era abadesa de un convento en el cual entraban las señoras de la familia, pues era tradición que las mujeres de los Erauso abrazasen la vida religiosa. Tenía don Miguel cuatro hijas a quienes se obligó a vestir el hábito de novicias. Catalina, una de ellas, contaba cuatro años cuando ingresó en el convento. La pequeña Catalina era díscola y rebelde y aceptaba mal la disciplina conventual. Fue creciendo entre rezos y salmos pero ya se veía que la vida monacal no estaba hecha para ella. Era pendenciera y siempre andaba siendo castigada, a pesar de los correctivos que se le aplicaban. A la pequeña Catalina no le interesaban las imprecaciones sino las historias de mundos ricos y fantásticos que relataban quienes venían de las Indias.

A los 15 años, Catalina salta los muros del convento y corre entre los bosques de Guipúzcoa. Consigue los ropajes de un agricultor y vestida como un hombre deambula por los fríos y verdes parajes vascongados. Come raíces y frutos silvestres hasta que consigue llegar a Vitoria, andrajosa y harapienta. Pero, cuando le preguntan su nombre, no dice que se llama Catalina sino Antonio de Erauso o Ramírez de Guzman. Se hace pasar por un hombre y trabaja en lo que puede. Su apariencia nunca fue muy femenina. Quizá hoy en día saldría un compungido periodista diciendo de ella que está atrapada en su cuerpo. Catalina dijo haberse secado los pechos con una receta que le dio una curandera en los bosques de Guipúzcoa. Su aspecto era el de un hombre.

La pequeña Catalina de Erauso llega Sanlúcar de Barrameda donde se pertrechaban los barcos que partían hacia las Indias. En una de estas naves se enrola como grumete bajo el nombre de Francisco de Loyola. En 1619 logra alistarse en las tropas que van a combatir a los fieros araucanos en el norte de Chile. Catalina se granjea el respeto de sus camaradas de armas por su fiereza en el combate, por su valentía y por la lealtad que demuestra. Allí fue ascendida al grado de alférez.

Siempre andaba metida en riñas y duelos defendiendo su honor. A la más mínima insinuación o mirada aviesa, Catalina se batía matando a quien hubiere osado afrentarla. Dicen que, un día en que era padrino de unos soldados que querían arreglar con la espada asuntos de honor, tuvo que enfrentarse al otro padrino, pues las reglas ordenaban que, en caso de que los duelistas fueran heridos, los padrinos habrían de resolver la afrenta. Catalina ganó y, cuando se arrodilló para oír la última voluntad del moribundo, el infeliz le dijo que diese noticia a su familia de España de su muerte. El desdichado dijo llamarse Miguel de Erauso. Catalina había matado a su hermano a quien apenas conocía.

En 1623 vuelve a matar y es condenada a muerte. Cuando la iban a ajusticiar pidió confesión y a un obispo le reveló que era mujer y que deseaba morir como tal. El obispo incrédulo mandó llamar a unas matronas para que viesen el cuerpo de Catalina. Las matronas no solo dijeron que aquel alférez era una mujer sino que era virgen. El obispo la protegió e hizo que la indultasen. La leyenda de la monja alférez corrió como la pólvora y llegó a Europa. Todos querían saber de ella.

En 1624 volvió a Europa en donde fue recibida por el Papa Urbano VIII quien la autorizó a vestir como hombre. Además, su majestad el rey Felipe IV también la recibió y le concedió una pensión de 800 escudos anuales y le impuso el título de monja alférez. Ya veis: a pesar de que no era la España igualitaria, progresista, súper moderna, de miembras y del NO a la homofobia, fue reconocida como hombre en la oscura y tenebrosa España de los Austrias. Que no era tan tenebrosa y oscura como cuentan los tópicos.

Catalina se fue a México donde al parecer murió con un cuchillo en la mano, tal como había vivido. El cuadro lo pintó Francisco de Pacheco, suegro y maestro de Velázquez, en Sevilla en 1630, antes de que Catalina volviese a América. En la parte superior del cuadro puede leerse: EL ALFÉREZ DOÑA CATALINA DE ERAUSO: NATURAL DE SAN SEBASTIÁN.

3 comentarios:

Tobias dijo...

Esta entrada me pilló en una reunión de proyecto en Munich. Teníamos acceso a internet limitado, de hecho tuve que pagar 5 euracos para acceder durante media hora a internet en el hotel. Me conformé con bajarme rápidamente la entrada para leerla en los momentos más soporíferos de la reunión. Recuerdo que al leerlo, le mostré la historia a una investigadora de Barcelona, a quien le gustó mucho. Fíjate hasta donde nos ha carcomido la corrección política que mientras lo leía me sobrevino el miedo de que ella se sintiera ofendida porque yo estuviese igual insinuando algún paralelismo entra la alferez, mujer fuerte y autosuficiente donde las haya y ella misma, o de que creyera que la comparaba con la mujer de la foto. En fin, fue un temor momentáneo y ella lo tomó como había sido mi intención.
Y por cierto, yo no se si la alferecía la hizo así o se hizo alférez por tener ese careto, pero en las Pleibois de le fecha no saldría, no...
T

Juan de Oyarzun dijo...

Supongo que la pobre ya nació así y no le quedó más remedio que enrolarse en los tercios con ese careto. Cuando lo emitieron en la radio, llamó un señor travesti -eso dijo- que dijo haberse conmovido con Catalina por estar "atrapada en su cuerpo". Luego otro señor dijo que me había inventado la historia y que en la España de entonces no ocurrían esas cochinadas. Mi España querida se parece cada vez más al 13 Rue del Percebe, donde todos los habitantes son como personajes de tebeo pero reales. La leche. De todos modos nunca sabes cómo contentar: vi un día a dos chicas comiéndose a besos en un bus y lo conté; no lo hice por la chorrada de la lesbiana oprimida sino porque vi a dos seres humanos del mismo sexo demostrándose cariño sin importarles el qué dirían y eso me pareció un logro de nuestra agujereada civilización. Pues bien: a punto estuvieron de no emitirlo, me echaron la bronca y me "corrigieron" un artículo que iba a grabar ese día. ¿En qué quedamos? ¿No había que apoyar el hecho diferencial lesbiano? Y ese mismo día venía en El País un artículo sobre barrios holandeses donde los bujarras ya no pueden ir de la mano porque los moros los insultan y les tiran huevos. Pero don Pedro Zerolo sigue considerando un signo de racismo e intolerancia las caricaturas de Mahoma. ¡¡¡Están locos estos romanos !! ¿Por qué defienden ideas que atacan aquello que tanto nos ha costado conseguir? No entiendo nada.

Tobias dijo...

Jajaja, es que la 13 Rue del Percebe nunca fue una obra de ficción. No intentes entender algo que los progres de salón que impulsan buenrrollismos contradictorios jamás serán capaces de explicar, porque ellos tampoco lo comprenderían si intentasen pensar.
Es el futuro previsible una guerra entre fundamentalistas musulmanes y un ejercito de bujarras vestidos como los cantantes de 'YMCA?'
T